Por: Juan Rangel
El sector vivienda en México vendió 3.5 millones de unidades en los últimos seis años, de las cuales el 11% se concentraron en Nuevo León. Sin embargo, detrás de estas cifras hay una crisis de accesibilidad: la vivienda social ha desaparecido y la oferta de lujo se triplicó, dejando a una gran parte de la población sin opciones que se ajusten a su capacidad de ingresos y estilo de vida.
Liliana González, Directora de Administración y Finanzas de Gariza, destacó que las nuevas generaciones están impulsando un cambio cultural profundo. Dijo que para los millennials y centennials, el “título de propiedad” pasó a segundo término, priorizando la ubicación y la flexibilidad.

“Ya a nadie le importa el título de propiedad, sino la calidad de vida. Prefieren ubicación sobre metros cuadrados y flexibilidad sobre deudas a 30 años. La vivienda en renta institucional empieza a ser una herramienta que te da liquidez para continuar tu estilo de vida”, afirma González.
Desde la perspectiva comercial y financiera, Gerardo Mendizábal, Director Ejecutivo Comercial de HIR CASA, señaló que los desarrolladores suelen cometer el error de ignorar al mercado secundario y no entender cómo se financian realmente sus clientes.

“Muchas veces planeamos proyectos sin pensar en el detalle de cómo se van a financiar. Para comprar un departamento de siete millones, una familia necesita ingresos de 300 mil pesos mensuales. ¿Cuántos mexicanos tienen estos ingresos comprobables? La demanda no desapareció, se fragmentó”, explicó.
Para Raquel Lozano, Founder & CEO de BELIVE Projects, el problema en Monterrey no es la falta de demanda, sino el desajuste entre lo que se construye y lo que se necesita. Criticó la tendencia de reducir metros cuadrados para intentar hacer el producto “accesible” sin entender que el cliente busca modelos más flexibles.
“La construcción es intuición, pero no hablamos realmente de datos. Diseñamos los proyectos y después queremos ver quién nos presta o a quién le vendemos. El 10% o 20% de los sobrecostos es por decisiones fragmentadas en la etapa inicial donde no nos hablamos entre especialistas”.
Según su visión, el 70% del tiempo de un proyecto debería dedicarse a la planeación conjunta entre arquitectos, financieros, comercializadores y constructores.

Para cerrar el panel, Carlos Barrera, Gerente de Especificación BIM de Saint-Gobain Cemix, explicó que la eficiencia constructiva es la clave para que la “pinza financiera” de un proyecto cierre correctamente.
Agregó que la improvisación en los materiales y procesos no solo afecta la calidad, sino que destruye la rentabilidad a largo plazo.

“A veces contemplamos un material porque es económico, pero lo barato sale caro. Necesitamos considerar el proyecto como un todo desde que trazamos la primera línea. Si no consideramos la durabilidad y el desempeño de los materiales, terminamos comprometiendo la utilidad con garantías y reparaciones”.
Subrayó que metodologías como el BIM (Building Information Modeling) permiten prever conflictos antes de llegar a la obra, optimizando el uso de materiales y evitando retrasos críticos.
Este es un texto de la edición 158 de la revista Inmobiliare Connect, dale CLIC AQUÍ para descargar.















