Por: Juan Rangel
Con el objetivo de proteger la arquitectura vernácula nacional, el Gobierno de España declaró como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Immaterial a los hórreos, un tipo de construcción tradicional al norte del país.
La iniciativa, aprobada por el Consejo de Ministros mediante un Real Decreto, reconoce el valor histórico, técnico y simbólico de estas estructuras, abarcando desde Galicia hasta Navarra, incluyendo regiones como Asturias, León, Cantabria y el País Vasco.
El proceso de tramitación tuvo una duración aproximada de siete meses y culminó con el reconocimiento oficial de estas construcciones como parte esencial del patrimonio cultural vivo del país.

Con esta declaratoria, el Gobierno busca no sólo preservar los hórreos como objetos arquitectónicos, sino salvaguardar el conjunto de prácticas, relatos y conocimientos que los rodean.
Cabe señalar que la medida contempla acciones de documentación, estudio, conservación y difusión, con el objetivo de garantizar que este legado continúe vigente y sea comprendido por las futuras generaciones.
Hórreos: de graneros a patrimonio arquitectónico nacional
Los hórreos (graneros elevados sobre pilares rematados con piezas circulares conocidas como “muelas” o “tornarratos”) destacan por su ingeniosa solución arquitectónica frente a las condiciones climáticas y biológicas.
Fueron diseñados para almacenar y conservar alimentos, principalmente cereales, su elevación permite proteger el grano de roedores, humedad y cambios térmicos, asegurando una ventilación constante en su interior.
Más allá de su funcionalidad, estas estructuras representan un sistema de conocimiento transmitido entre generaciones, vinculado a prácticas agrícolas, oficios tradicionales y formas de vida comunitarias.

“Su presencia en el territorio no solo configura el paisaje, sino que actúa como un marcador cultural que evidencia la identidad de las comunidades del norte peninsular”, indicó un artículo de National Geographic.
No obstante, las autoridades señalaron que con la pérdida de su uso original, la falta de relevo generacional y la homogeneización constructiva amenazan tanto su conservación física como la transmisión de los saberes asociados.
“En muchos casos, las técnicas de mantenimiento y construcción sobreviven únicamente en manos de poblaciones envejecidas”.













